Rosmarino della Piazza. Ristorante Italiano. Marbella, Elviria.
El restaurante
En un enclave que combina el color de las noches marbellíes con la serenidad de las mejores playas salvajes de Marbella, en pleno corazón de Elviria, se esconde este restaurante familiar que cada día ofrece a sus comensales un billete de ida y vuelta a la cultura gastronómica italiana.
Cristina, nacida en San Remo (Italia) y brillante conocedora de la cocina local, llegó a Marbella para comenzar su andadura en la restauración junto con Avelino, natural de Ronda, quien le mostró la belleza de las tierras andaluzas. Así, el matrimonio consiguió que ambas regiones mediterráneas se unieran para completar una oferta gastronómica hecha en casa y que es todo un homenaje a la cocina mediterránea.
El restaurante, segundo proyecto hostelero de la familia y fruto de más de quince años de experiencia, cuenta con una estética que no se aleja de la contemporaneidad con su limpieza de líneas en color wengue, oliva y burdeos, símbolo de la tierra, de sus frutos y del excelente vino que acompaña a sus preparaciones. Cuadros y centros de mesa en constante referencia a las materias primas de sus creaciones culinarias enriquecen las texturas, envuelven a los huéspedes y abren su apetito, mientras que las luces flotan sobre las mesas y crean atmósferas personales y relajadas. Rosmarino della Piazza es la expresión urbana del mismo Mar Mediterráneo.
Tanto el comedor interior como la terraza proponen un juego de ambientes que deja espacio a la intimidad y que permite al mismo tiempo la celebración de reuniones sociales. La barra que protagoniza la entrada al local olvida su carácter unilateral y se convierte en un lugar de encuentros. A su alrededor, y con una colección de los mejores licores a la espalda, los visitantes pueden conversar, tomar uno de sus excelentes cócteles o degustar las elaboraciones gastronómicas solo o en compañía de los anfitriones. Repetir en el Rosmarino es descubrir un restaurante diferente cada vez: desde cada ángulo el local se aparece distinto, nuevo, singular.
Elegancia, diseño y funcionalidad se fusionan en este rincón italiano, con el aliño de calidez, trato familiar y excelencia del servicio que ya es sello de la casa. Su objetivo: que sus invitados vuelvan una y otra vez a ocupar sus mesas y que salgan con una sonrisa en la boca. Esa sonrisa, su mejor recompensa.
Rosmarino della Piazza, el romero de la plaza, comparte con el hipnótico arbusto sus propiedades curativas. Los aromas y los sabores que surgen de los fogones de este restaurante familiar, sanan los estómagos y las almas de quienes traspasan sus puertas. Cualquier excusa es buena para disfrutar de una de las mejores culturas gastronómicas del mundo. Todo allí está a punto para darte la bienvenida.
La cocina
El virtuosismo de la cocina de Rosmarino della Piazza surge de conjugar el patrimonio gastronómico italiano con las inquietudes estéticas e innovadoras que respiran sus fogones. Con una base rebosante de clasicismo que no pierde de vista a los grandes chefs italianos, el equipo de cocineros de este restaurante –liderado por Roberto Beccarelli (Italia) y José Capitán (España)- reinterpreta las recetas tradicionales de la cocina mediterránea con mimo y delicadeza en un ejercicio de actualización constante.
La calidad de sus materias primas, su mejor arma. Productos traídos directamente desde Italia por Cristina y Avelino, verduras, frutas, carnes, pescados y mariscos con denominación de origen y un lujo de pasta hecha en casa cada día, son las propuestas que ofrecen los anfitriones a quienes traspasan las puertas del restaurante.
A mediodía, un menú especial a elegir entre cuatro entradas, cuatro platos, postre o café y bebida por 16 € -IVA incluido-, propone un viaje al centro mismo de Italia. En la terraza o en el salón interior, la hora del almuerzo se convierte en una reunión de amigos y de buena comida.
En su carta, la calidad es una norma, la sencillez un hecho. En sus recetas se atisba el aura de la cocina contemporánea en gelatinas, salsas, ingredientes y combinaciones que nunca suponen una ruptura del equilibrio de los platos.
Los entrantes los protagonizan las ensaladas frescas de rúcula, de intenso parmesano, con salami, con jamón de parma, a la miel de trufa; los carpaccios, las mejores verduras gratinadas y a la parrilla; las sopas frías y calientes con aroma a pomodoro y albahaca. Las pastas, caseras, elaboradas cada mañana, repasan los clásicos italianos -raviolis rellenos de setas y trufa, tortelloni de ricotta y espinacas, fettuccine con salmón fresco, tagliatelle con bogavante, pappardelle, rigatoni- junto con los mejores risottos vegetarianos y con frutos del mar.
Directamente de los mejores pastos de Galicia, llegan las carnes de ternera y cordero que a la pizzaiola, a la romana, a la veneziana, con manzana glaseada o con trufas, foie y Oporto, se traducen en boca en exquisitez y refinamiento, producto de la profesionalidad y del saber hacer del equipo. El pescado, fresco. Del mar a la cocina, y de ahí, a la mesa. Tan fresco que ni aparece en la carta. Cocina de mercado, cocina de temporada que sin duda alguna, Avelino y Cristina recomendarán a los comensales más exigentes. Sus sugerencias, siempre acertadas.
Los postres son elaborados por las propias manos de Cristina, que rememoran en cada mezcla, en cada cucharada de harina, de mascarpone, de ricotta, de cacao, sus raíces en tierras ítalas. La panna cotta con coulis de frutas del bosque y el tiramisú dejarán con la boca abierta a los comensales. Se recomienda guardar un espacio para ellos. Nadie se arrepentirá.
Sus platos despiertan el paladar y todos los sentidos. Colores, aromas y sabores que, en total armonía, hacen de Rosmarino della Piazza un lugar en el que se edifica la sublevación de la calidad de los productos.
La bodega
Si hay algo de lo que puede presumir Rosmarino della Piazza es de su extensa carta de vinos. Más de 120 referencias recorren todas y cada una de las regiones italianas, sin olvidar los caldos españoles y franceses y las últimas producciones vinícolas de Sudáfrica y Nueva Zelanda, signo del especial interés de los anfitriones por ofrecer a sus invitados las novedades reconocidas en el mundo del vino.
La riqueza varietal de Italia y la calidad de sus castas autóctonas se reflejan en la oferta del Restaurante. Vermentino, amarone, greco di tufo, sangiovese, nebbiolo… son algunas de los protagonistas, bajo el amparo de grandes bodegas como lo son Pio Cesare, Biondi Santi o Antinori. Tintos de Sicilia, de la región de Veneto, de Piemonte, de la Toscana; blancos de Trentino, de Lazio, de Cerdeña; proseccos y dulces como el Vin Santo toscano, provocarán una epifanía de sensaciones a quien se anime a probar la producción de este país.
Son las italianas tierras generosas, como también lo son las españolas. Los mejores reservas y crianzas -Riojas, Ribera del Duero, del Somontano- brillan entre las demás propuestas, junto con los rosados, los vinos blancos –de Rueda, de las Rías Baixas- y los dulces, entre los que prestan especial atención a la variedad andaluza Pedro Ximénez. El país galo asegura su presencia en el interior de las botellas de champagne: Laurent Perrier, Veuve Cliquot, Moet & Chandon y Dom Perignon.
Para tomar en la barra, en la mesa antes de empezar a degustar las creaciones culinarias o para terminar una velada, Rosmarino della Piazza pone a disposición de sus huéspedes una carta de cócteles internacionales. Entre ellos, una recomendación especial: el cóctel Rosmarino -realizado a base de vodka, zumo de naranja, zumo de arándanos y licor de melocotón-.
Vinos para todos los paladares -aromáticos, afrutados, cítricos, intensos, suaves, dulces, impactantes, complejos- y para todos los bolsillos. Vinos de aquí y de allí, pero con denominación de origen controlada. Vinos clásicos, vinos esenciales y vinos emergentes con un denominador común: la calidad.
Lo que ofrece la bodega de Rosmarino della Piazza, gobernada con proverbial sagacidad y cuidada hasta el extremo, es un idílico romance entre vino y gastronomía, que Avelino y su sumiller estarán encantados de trasladar a cada mesa en un brindis por la buena comida y la buena compañía.